martes, 11 de enero de 2022

Dentro De Mi

Vivo cerca de la montaña que visito no tan a menudo como quisiera, 
para mirar las nubes bajo la sombra de un frondoso árbol, 
observar la ciudad con su bullicio enmudecido por la distancia 
y esperar los atardeceres cargados de colores pálidos.

Vivía esperando que la montaña viniera a mi, que me visitará
Nunca entendí lo cerca que estaba
La ubicaba en la superficie de la Luna
pero en realidad, estaba a la vuelta de la esquina.

Y aquel gran día llegó, el milagro ocurrió
Aquellos atardeceres vinieron a mi, 
La Luna se fudió con su profunda mirada
Se dejó caer entre mis brazos y yo la protegí, la hice mía.

La cuidé de sus temores, de sus dudas, 
Le enseñé a confiar en su corazón, 
Le mostré que había más de lo que se imaginaba 
detrás de mi máscara de hierro, 
que me mordía los labios por besarla en la soledad, 
con solo suficiente luz para ver su silueta 
y sus cautivantes ojos de pestañas largas.

Desde aquel día, nada volvíó a ser igual. 
Cada segundo del resto de mi existencia cobró sentido, 
cada momento y cada cosa se hicieron insignificantes ante ella. 
Nací cuando la vi por primera vez 
pero morí en el instante en que entendí que no podía amarla. 

Me ha revivivido con sus besos y el "te amo" más sincero, 
para dejarme agonizar en la esperanza de lo incierto. 
Aún así la amo, la busco, la espero, la quiero, 
la conjuro diariamente con mis versos, 
la llamo con anhelo puro,con deseo intenso. 

La culpo por profanar la cripta de este amor 
que un día fué enterrado vivo, sepultado bajo su silencio, 
y ella me acusa de avivar ese volcán 
que yacía en su interior por tantos años dormido, 
por rescatar su pasión de la somnolencia, 
por enseñarle lo que se siente ser amada con vehemencia.

Y así es como llego a la demencia. 
Amarla es una daga clavándose en mi pecho, 
pero vaya que no habría gloria en vivir sin haber sentido esto que siento.